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sábado, 17 de junio de 2017
sábado, 12 de noviembre de 2011
HARRY TRUMAN, !que algunos tomen ejemplo!
miércoles, 5 de octubre de 2011
Asunto: LECCION DE HISTORIA LINGÜISTICA
En Madrid hay una calle llamada de Gil Imón, haciendo de travesaño entre el Paseo Imperial y la Ronda de Segovia, para más señas. Es una calle dedicada al que fue alcalde de la capital, D. Gil Imón, en los tiempos en que el duque de Osuna organizaba sus célebres bailes, a los que acudía la alta sociedad, para poner en el escaparate familiar a jovencitas de la buena cuna, como oferta casadera. A las damitas de entonces se les aplicaba el apelativo de "pollas", que en el Diccionario de la Real Academia Española (DRAE) llevan, como sexta acepción, figurada y familiarmente, el significado de jovencitas, algo que hoy prácticamente se ignora. La polla de entonces no tenía nada que ver con el significado de morbosas connotaciones por el que ha sido sustituido ahora. El tal Don Gil era un personaje de relieve (la prueba está en que tiene dedicada una calle) y su nombre aparecía frecuentemente en los ecos de sociedad de las revistas del corazón de la época. El hombre se sentía obligado a responsabilizarse de sus deberes familiares, como buen padre. Tenía dos hijas en edad de merecer, feúchas, sin gracia, y bastante poco inteligentes. Y se hacía acompañar por ellas a absolutamente todos aquellos sitios a los que, invitado como primera autoridad municipal, tenía que acudir. -¿Ha llegado ya D. Gil? -Sí, ya ha llegado D. Gil y, como siempre, viene acompañado de sus pollas. Mientras D. Gil se encargaba de atender las numerosas conversaciones que su cargo de alcalde comportaban, sus pollitas iban a ocupar algún asiento que descubrieran desocupado, a esperar a que algún pollo (o jovencito) se les acercase, cosa que nunca sucedía. La situación, una y otra vez repetida, dio lugar a la asociación mental de tonto o tonta con D. Gil y sus pollas. ¿Cómo describir esa circunstancia tan compleja de estupidez? Los imaginativos y bien humorados madrileños lo tuvieron fácil: para expresar la idea de mentecato integral e inconsciente
¡Ya está!: Gil (D.Gil)-y-pollas (las dos jovencitas hijas suyas) = gil-i-pollas.
Cundió por todo Madrid, que compuso esta palabra especial, castiza, nacida en la Capital del Reino y, después exportada al resto de España, ganándose a pulso con el tiempo el derecho de entrar en la Real Academia Española. |
Ver Gil Imónn en un mapa más grande
domingo, 29 de mayo de 2011
Origen de la expresión "Tócame Roque"
Según el Diccionario, se denomina la casa de Tócame Roque a aquella en la que reina la confusión y hay con frecuencia alborotos y riñas. Esta famosa casa madrileña estuvo situada durante el siglo XVIII y la primera mitad del XIX en la esquina de las calles Barquillo y Belén, tapando la salida de ambas vías hacia Fernando VI.
Al parecer era una corrala con varios patios y muchas viviendas, y vivían allí varios chisperos (herreros) que trabajaban el hierro en los patios
Tócame Roque no fue el nombre de ningún personaje - como se cree - sino que así se llamaba una casa de vecindad ubicada en la calle del Barquillo, en Madrid.
¿Como era?
¿Por qué se llamó así?
Dice la tradición que estos vecinos se amotinaron y decidieron dejar de pagar el alquiler a los caseros. La vivienda era, fea e insalubre. Se cuenta que la casa fue heredada por dos hermanos, Juan y Roque, que no se pusieron de acuerdo en nada. Ambos discutían pretendiendo que la herencia les correspondía por entero. Así, Juan le decía a Roque: "Tócame, Roque". y Roque contestaba: "La casa tócame a mí, Juan". Y como la disputa duró años, la casa se quedó con ese nombre: Tócame Roque.
¿Como era?
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La casa de Tócame-Roque. Óleo sobre lienzo. 0.89 x 1.05 cm. Museo del Prado. Madrid. Obra de Manuel García 'Hispaleto' |
¿Por qué se llamó así?
Dice la tradición que estos vecinos se amotinaron y decidieron dejar de pagar el alquiler a los caseros, no permitiéndoles la entrada en el lugar.
En 1849 el Ayuntamiento ordenó su derribo para destaponar la calle Barquillo y comunicarla con la perpendicular Fernando VI. Las ochenta familias que todavía quedaron en la casa tras la orden de desalojo, impidieron que la casa se derribase durante más de un año de batallas con la municipalidad, hasta que se consumó el desahucio.
Fue demolida en el año 1850. Este inmueble castizo estaba en boca de todo el mundo por los mil zipizapes que en él se armaron, pero pasó a la literatura tras ser inmortalizado por don Ramón de la Cruz (1731-1794) en su sainete La Petra y la Juana o el buen casero. El último altercado, contra corchetes y ministriles, fue para oponerse al desalojo del inmueble, dispuesto ya el derribo del mismo.
Fue demolida en el año 1850. Este inmueble castizo estaba en boca de todo el mundo por los mil zipizapes que en él se armaron, pero pasó a la literatura tras ser inmortalizado por don Ramón de la Cruz (1731-1794) en su sainete La Petra y la Juana o el buen casero. El último altercado, contra corchetes y ministriles, fue para oponerse al desalojo del inmueble, dispuesto ya el derribo del mismo.
Todos estos follones quedaron en el imaginario madrileño, y así, cuando alguien quería encontrar una comparación para hablar de una casa en la que había mucho jaleo y muchas disputas, decía: Esto parece la casa de Tócame Roque.
En esta y en otras casas de vecindad antiguas se inspiró Mesonero Romanos para escribir su artículo «Día de toros», incluido en su obra Escenas Matritenses.
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